La marca de una ciudad

La manera más efectiva de vender un producto, servicio o transmitir un sentimiento es a través de una marca. Las personas buscamos catalogar lo desconocido para comprenderlo y asimilarlo según nuestra experiencia, por eso cada vez hay más marcas que intentan entrar en nuestro interior y conectar con nuestra identidad. En la última década la marca ha sido clave para vender ciudades y países como destinos turísticos, de negocios y culturales. No sólo entre el público extranjero sino también entre sus vecinos. Quién no recuerda campañas como “I NY” el precursor slogan para vender la ciudad norteamericana al mundo, “Barcelona, posa’t guapa” para mejorar el aspecto urbano de la capital catalana, y “Som 6 milions” para reafirmar la pertenencia a Cataluña.

Con la profunda crisis económica, muchas ciudades y municipios medianos se han puesto las pilas para dinamizar su economía local. Sólo si saben construir una buena marca atraerán talento, inversión y visitantes, pero para ello tienen que diferenciarse del resto con una señal única que los identifique y conecte con el público. Hoy ya es una necesidad para cualquier región tener una marca que la posicione en el territorio, no hay otra opción si quiere competir en éste mundo global. Barcelona debería ser un buen ejemplo para muchas otras ciudades españolas que buscan su posicionamiento, es el caso de Madrid que aún no ha encontrado su lugar en la mente del público. La ciudad catalana desde que fue sede de los Juegos Olímpicos ha sabido construir su identidad, a la vez que ha llegado a transmitir y proyectar buenas percepciones.

La marca de una ciudad se forma a partir del conjunto de percepciones, experiencias y sentimientos que reciben y construyen los públicos. En su formación influye mil factores por la cantidad de atributos que llegan a tener y que no se pueden separar, como la historia, la cultura, el clima, el arte, los ciudadanos, las instituciones, la gastronomía, etc. La esencia e identidad deben ser la base dónde se edifique la marca, es imposible vender un destino como paraíso para las vacaciones si luego el visitante descubre que ni es paraíso ni ha conseguido disfrutar de sus días libres. A través del estudio y la observación del entorno conseguiremos definir cómo es la localidad y qué queremos proyectar a partir de sus fortalezas y oportunidades.

Como me refería anteriormente, la situación económica actual ha espabilado muchos ayuntamientos que buscan hacerse un hueco en el mundo, como en todo la clave está en diferenciarse y saber comunicarlo. Hace años que ya hubo quien supo buscarse su lugar, pero el citymarketing también ayudó a algunas ciudades a cambiar las percepciones negativas que pesaban sobre ellas, es el caso de Nueva York y Río de Janeiro que eran vistas como ciudades con altos índices de inseguridad ciudadana. Supieron corregir ese problema y cambiar la percepción con el tiempo. Todo alcalde debería plantearse empezar a trabajar -si no lo ha hecho ya- para que su municipio sea un destino con orgullo, tanto para sus vecinos como para quienes lo visiten.

 

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