Hasta dónde llegará el PSOE

Después de las elecciones no llega la calma. El PP tiene mucho trabajo por delante para capear y reconducir la economia española. Y el PSOE no podrá descansar ni un minuto ante los malos resultados que han debilitado todo el aparato. Los socialistas están en uno de los peores momentos de su historia; en estos comicios han llegado a perder cuatro millones de votantes, pero lo más grave es que, estructuralmente, ya hace años que van menguando. El patacazo del pasado domingo no sólo viene provocado por la crisis, hay más elementos que han llevado a este partido a quedarse con 110 diputados frente a los 169 del 2008. Los árboles no les han dejado ver el bosque, ahora tienen un momento valioso para reflexionar y volver a tomar el camino adecuado.

Los socialistas celebrarán, la primera semana de febrero en Sevilla, el congreso en el que saldrá la nueva cúpula directiva, se cambiará el modelo de partido y se orientará el proyecto para los próximos años. Esto será crucial para que salgan cuanto antes de su crisis y recuperen la credibilidad como grupo parlamentario, ahora en la oposición. Una razón por la que la clase política ha creado desafección entre la ciudadanía es el funcionamiento interno de los partidos; el PSOE tiene que redefinirse en según qué aspectos de fondo y, en otros, de forma. Jugará a su favor la transparencia con la que eligan a la ejecutiva y analicen con autocrítica los malos resultados. De momento, hay consenso para que se presente más de una candidatura para la dirección del partido, es decir, no habrá un dedo que bendiga urbi et orbi un candidato por encima de otro. La fórmula de congreso abierto seguramente será la misma que dio a José Luis Rodríguez Zapatero la secretaria general el año 2000.

En su momento, Alfredo Pérez Rubalcaba fue elegido por la dirección como el candidato para las Elecciones Generales, una decisión que buscaba evitar un debate interno que debilitara aún más al partido. Ahora la cosa es distinta, hay que dar margen de libertad a los militantes que quieran liderar el PSOE. Aunque de momento nadie se ha postulado, hay dos perfiles que claman por la secretaría general: el mismo Rubalcaba, que recibiría el apoyo de algunos barones y dirigentes históricos, y Carme Chacón, la hasta ahora ministra de defensa que representaría el legado de Zapatero. Uno y otra son el pasado y presente de los socialistas españoles, pero no el futuro. Como en el 2000, veremos si saldrá un líder inesperado por sorpresa o, por el contrario, recaerá en una de las caras conocidas.

El modelo de partido es otro de los puntos importantes para definir. Está claro que la persona que salga elegida para dirigir la formación socialista llevará consigo, implícitamente, una manera de ver y hacer las cosas. Pero más allá de los personalismos, los militantes tendrán que analizar, debatir y reformular el fondo común como grupo político. No pueden dejar abierta la herida que en los últimos tiempos les ha provocado una sangría de votantes; el PSOE tiene que estar dispuesto a cambiar sus estatutos si hace falta. Tendrá que mirar su entorno y la tendencia social de España, las necesidades reales de la mayoría de ciudadanos. No podrá continuar con el mismo mensaje que ha utilizado hasta ahora; en una época como la actual hay más cosas que asemejan el PSOE al PP que diferencian.

Son momentos históricos tanto para el gobierno como para su oposición, de ellos dependerá el futuro del país. Mariano Rajoy empezará el mandato con la vía libre para hacer y deshacer como crea oportuno. Ya no solamente por la mayoría absoluta del PP en el Congreso de los Diputados, sino porqué no tendrá oposición. El objetivo del principal partido de la oposición no tiene que centrarse en mirar a las demás formaciones, sino en la introspección para salir reforzado después de la primera semana de febrero.

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